El punto de partida de este instrumento es algo que vengo trabajando a partir de lo que aprendí de César Bernhardt — con quien realicé la Certificación en Psicología del Alto Rendimiento del Barcelona HUB — y de Ezequiel Bergero Stuppa en distintas clínicas de baloncesto. Todo rol puede leerse en torno a tres características: la claridad, saber qué se espera de uno y qué hay que hacer dentro del equipo; la asunción, estar dispuesto a ocupar ese lugar aunque no sea el que uno elegiría; y la ejecución, tener la capacidad real para llevarlo a cabo. Cuando alguna de estas características está incompleta, el rol no termina de funcionar como organizador del juego colectivo.
Pensar el rol de manera sistémica agrega una pregunta: ¿cómo piensa o conceptualiza su rol un integrante del equipo? Porque el rol no es solamente algo que el jugador tiene — una posición en la estructura táctica, un conjunto de comportamientos esperables. Es también una emergencia relacional: se construye en la intersección entre lo que el jugador hace, lo que el entrenador espera y lo que los compañeros necesitan. Y es exactamente ahí donde la claridad, la asunción y la ejecución se vuelven posibles o se complican.
Una parte importante de la imagen que un integrante del equipo tiene de sí mismo está construida a partir de su propia versión de cómo lo perciben los demás — no de cómo lo perciben realmente, sino de su interpretación de esa mirada. Es lo que Lacan denominó lo imaginario: el yo no se ve directamente, se ve a través del espejo del Otro, y ese espejo no devuelve nunca una imagen transparente.
Kelly permite pensar esta misma cuestión desde otro ángulo. En su teoría de los constructos personales, cada persona comprende el mundo a través de un sistema de interpretaciones que va construyendo con la experiencia. Lo específico de su definición de rol es que jugar un rol no significa ocupar una posición — significa comprender, al menos parcialmente, cómo los otros construyen el mundo. En el contexto de un equipo, esto quiere decir que un jugador comprende su rol en la medida en que puede ponerse en el lugar del entrenador y de sus compañeros y entender cómo ellos están leyendo el juego y qué están viendo cuando lo miran jugar a él. No alcanza con saber qué tiene que hacer — necesita entender desde dónde el otro espera que lo haga.
Esa comprensión no es estática ni se adquiere de una vez, se va ajustando partido a partido, entrenamiento a entrenamiento, en función de cómo el equipo va cambiando su manera de construir el juego colectivo.
De este recorrido se derivan los tres niveles sobre los que opera el instrumento:
▪️ Cómo me veo yo — La autocomprensión del jugador respecto a su función en el equipo.
▪️ Cómo creo que me ven — La teoría implícita del jugador sobre la percepción que el entrenador y los compañeros tienen de él.
▪️ Cómo me ven — La perspectiva real del entrenador y los compañeros, recogida previamente de forma anónima.
El instrumento hace visible la distancia entre estos tres niveles. No la interpreta: la construye como problema. El dato más potente — y el más difícil de producir por vía introspectiva — es la brecha entre el Nivel 2 y el Nivel 3: entre cómo el jugador cree que lo ven y cómo realmente lo ven.
A diferencia de los instrumentos psicométricos habituales en psicología del deporte, aquí no se trabaja con una variable psicológica en específico. Lo que construye es un problema en el sentido epistemológico del término: una pregunta abierta cuya respuesta no está contenida en su formulación. La brecha entre los niveles puede revelar coincidencia o desfasaje, confirmación o sorpresa. Lo que sea que emerge es dato, no diagnóstico.
El instrumento es también, en sí mismo, una intervención: el proceso de responderlo produce en el jugador una comprensión de su rol que no existía antes de la entrevista. No extrae información —la genera.
PROCEDIMIENTO
Antes de la entrevista con el jugador, el psicólogo recoge respuestas del entrenador y de dos o tres compañeros de forma anónima. El tiempo de recolección es mínimo: se trata de dos preguntas breves, que pueden responderse por escrito o en una conversación de pocos minutos.
Preguntas para el entrenador y los compañeros:
1. ¿Para qué necesita el equipo a este jugador?
2. ¿Hay alguna situación de juego donde sepas de antemano lo que va a hacer? ¿Cuál?
Las respuestas se conservan sin mostrarlas al jugador hasta el tercer movimiento de la entrevista.
Las siguientes preguntas funcionan como banco de recursos. El psicólogo selecciona y combina según cómo fluya la conversación con cada jugador — no son una secuencia obligatoria sino orientaciones para el trabajo.
Preguntas abiertas, sin orientación ni corrección. El objetivo es que el jugador articule en voz alta su autocomprensión del rol. El psicólogo escucha sin intervenir.
1. ¿Cómo le explicarías tu rol a alguien que no sabe nada de básquet?
2. ¿Para qué te necesita tu equipo?
3. ¿Qué perdería el equipo si vos no estuvieras?
4. ¿En todos los equipos en los que estuviste tuviste este rol?
Se abandona lo abstracto. Se trabaja con situaciones de juego específicas, recientes, vividas en primera persona. Este movimiento ancla la conversación en lo real y produce el material concreto con el que se comparará, en el tercer movimiento, la percepción de los otros.
1. Pensá en el último partido — o en alguno reciente que recuerdes bien. ¿Hubo un momento donde sentiste que estabas haciendo exactamente lo que tenés que hacer? ¿Qué estaba pasando en ese momento?
2. ¿Hay algún partido que sientas que te representa bien dentro del equipo? ¿Por qué ese?
3. ¿Hay situaciones de juego donde te sentís incómodo, fuera de lugar?
4. ¿Hubo algún momento reciente donde sentiste que el equipo esperaba algo de vos y no supiste bien qué hacer?
5. ¿Hay situaciones de juego donde sentís que los demás esperan algo de vos que vos no terminás de ver como parte de tu rol?
Este movimiento tiene dos fases. En la primera, se activa explícitamente la teoría implícita del jugador sobre cómo lo perciben los otros. En la segunda, esa teoría se confronta con las respuestas reales.
Primera fase: Activar la teoría implícita
1. Si le preguntara a tu entrenador para qué te necesita el equipo, ¿qué creés que diría?
2. ¿Y si le preguntara a un compañero?
3. ¿Hay algo que hacés que sentís que no es visto por los demás? ¿O algo que los otros valoran de vos que vos no sentís que sea lo más importante de tu juego?
Segunda fase: La confrontación:
"Hice esas mismas preguntas a tu entrenador y a un par de compañeros, de forma anónima. ¿Querés que leamos juntos lo que dijeron?"
A partir de este momento, la entrevista deviene conversación abierta sobre lo que emerge del contraste entre los tres niveles. El psicólogo no interpreta el desfasaje, no lo señala como problema, no lo corrige. Su función es generar las condiciones para que el jugador lo vea por su propio recorrido.
NOTA METODOLÓGICA
La coincidencia entre los niveles es también un hallazgo: indica que el jugador tiene una lectura afinada del vínculo con su entorno de juego. El instrumento no presupone que el desfasaje sea la norma, ni que la coincidencia sea la meta. Lo que produce es siempre información sobre cómo se construye el rol en ese equipo particular.
El instrumento puede aplicarse a cualquier posición y deporte colectivo. La estructura de los tres niveles es generalizable a cualquier rol que se defina en relación con los otros.
Finalmente, el instrumento no reemplaza el trabajo clínico ni la observación sistemática del juego. Es un constructor de problema — abre una pregunta que el jugador no siempre tiene oportunidad de hacerse — y no un sistema de evaluación ni un dispositivo de diagnóstico.
por el Lic. Mariano José Costa
Referencias teóricas
Bernhardt, C. (s.f.). Certificación en Psicología del Alto Rendimiento. Barcelona HUB.
Bergero Stuppa, E. (s.f.). Clínicas de baloncesto. Comunicación personal.
Kelly, G. A. (1955). The Psychology of Personal Constructs. Norton.
Lacan, J. (1949). El estadio del espejo como formador de la función del yo. En Escritos 1. Siglo XXI.
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